“Viendo la violencia del viento le entró miedo”

23 de junio de 1991.

Hay almas, quizá demasiadas almas, que despiden en torno suyo ese olor a armarios que nadie abrió durante años. Con el paso del tiempo, muchas personas van recortando y cercenando el corazón. Un día tuvieron esperanzas de llegar a ser algo en sus vidas, pero tras los primeros fracasos se replegaron hacia la amargura, dejaron que cicatrizara su decepción y cerraron su cajón de esperanzas como si ya jamás pudiera sacarse de él otra cosa que polvo. Es posible que después sintieran algo parecido al amor, volcándose hacia un hombre o una mujer. Pero ese amor fracasó porque se sintieron rechazados o, lo que es peor, porque tras el matrimonio descubrieron que aquel amor era mucho menos apasionante de lo que habían pensado, Y nuevamente cerraron en su alma el piso del amor.

Como en las casas cerradas, se cubrió con sábanas todo lo que podía significar una nueva ilusión y se impuso esa tristísima filosofía de que para no sufrir es mejor no amar, ya que al perder las cosas queridas siempre se acaba sufriendo.

Es una forma de vida en la que uno prácticamente se va suicidando día a día, replegándose lentamente a los desvanes del miedo, cerrando puertas a la amistad, cortando rebanadas del alma. Como las casas deshabitadas, esas almas me impresionan. Las telarañas han cubierto los rincones, el polvo ha penetrado bajo las sábanas que cubren los muebles. Sólo falta que la casa comience a despedir ese olor tan especial que produce el tiempo aprisionado.

El miedo no edifica, ¿Por qué no comprenderemos que es mejor equivocarse que disecarse? El día en que un alma se convierte en una cava en la que todas las esperanzas se cierran bajo llave, ya no queda sino esperar un milagro. No queda sino esperar que, igual que al árbol herido por el rayo, a pesar de estar “seco y en su mitad podrido”, pueda caerle en suerte otro milagro de la primavera.

(C.91)

One Comment

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  1. Hola Manu, soy Paloma… ¿quién? Te preguntarás. Soy yo, Santi/Paloma!!! Hombre, ya era hora. Pues nada que por fin he entrado aquí y he leído un precioso escrito (imagino que de tu Abuela) y he pensado ¡qué suerte ser el nieto de una persona tan sabia! Y luego ¡ojalá un día Lucas pueda sentir por mi como lo que tu sientes por tu Abuela! Gracias por compartirlo

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